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lunes, 11 de junio de 2012

Reminiscencia 6


Durante todo el día, no hubo mucho de importancia, el día estuvo impregnado de neblina durante gran parte de la mañana. Fue hasta como a eso de las doce del día, junto con algunos rayos del sol que se filtraban por entre las nubes, que se disipaba a ratos la neblina, no mucho, apenas lo suficiente para darle un aire onírico al día.
En cuanto dejé a Liz, intente encontrar un lugar donde hubiese silencio. La biblioteca estaba cerrada. Pregunté a la encargada que estaba en la entrada y solo me dijo que estaban inventariando el material, cosa que no me creí por ser fechas medias en el ciclo escolar, eso lo hacen cada tercio final del curso, no antes.
Decidí vagar por los lugares que nunca había recorrido. La sección de artes, el estacionamiento, las canchas, el gimnasio. Hasta ese momento, me di cuenta de lo cerrada que estaba mi visión de la prepa. En los dos años que llevo cursándola, nunca me había puesto a ver que más, aparte de los salones a los que me tocaba la clase, había. Encontré lugares para poder estar tranquilo sin que alguien se percatara de su existencia, lugares donde se socializa de verdad, mucho mejor que en las aulas, y cientos y cientos de impulsos que pueden desarrollar variadas mentalidades de las personas… Obviamente, sabiendo cómo sacar el potencial.
La mañana siguió a la tarde, con lentitud en el marcaje del tiempo. Las sombras que se dibujaban en el piso no ayudaban a uno a que se hiciera creer que los minutos eran fugaces. La noche, acostumbrada a desmadrugarse, venia llegando con lentitud para suplir a la luz del sol.
Hasta que de verdad se oscureció, redirigí mis pasos al salón en el que me había “hospedado”, no sin antes pasar a ver como estaba Liz. No me sorprendió encontrarla con una chica, creo que Athenas, hablando entre cuchicheos, porque ambas estaban muy juntas compartiendo mesa. Liz estaba dibujando, prestándole atención a su interlocutora y dejando explotar sus pensamientos en una hoja de papel. Estaba concentrada en ambas cosas… y estaba desesperada, lo logré ver por la mano que le temblaba y las veces en que tuvo que coger el borrador.
Me fui a mi salón… todos, y unos cuantos más, ya estaban dentro acurrucados y contando historias de diferentes vertientes. Era una cacofonía de bajos niveles sonoros, pero una cacofonía… dentro de poco subiría de volumen para que todos oyeran todo.
Como no tenia con quien estar, a todos los del grupo los odiaba, me caían mal por razones que, si las analizara, me serían absurdas, empero, siempre me han funcionado para no sociabilizar con muchas de las personas con las que simplemente no habría siquiera un vínculo amistoso. Aquella chica me parecía una idiota, siempre pesando en cómo se vería con el cabello de otro color; la que siempre se juntaba con ella, se vestía como una meretriz, solo le faltaba dar precios a los que se le acercaban; más a la derecha, dos tipos con un bote de spray para cabello y un encendedor esperando el momento oportuno para rociar un pizarrón con algún garabato y encenderlo; otro de allá, uno de los colados, que no paraba de interrumpir las conversaciones de los demás, aparentando ser gracioso, o simpático, pero no le funcionaba, todos lo “abrían” porque era simplemente molesto desde su presencia, incluso los profesores le prestaban atención nula.
Me fui quedando dormido mientras examinaba los rostros de cada uno de los compañeros… conforme avanzaba entre sus ojos y jetas, más y más me iba enojando, porque simplemente no me sentía parte de una serie de seres superfluos, ignotos, estúpidos e innecesarios…
Antes de verdaderamente quedar dormido, mi último pensamiento fue: Mueran todos ustedes, bestias asquerosas… mueran todas ustedes, pendejos, estúpidos, bazofia…
Me dormí con enojo y los puños apretados, como queriendo estrellar caras contra lo que se pudiera. Sonreí por la simple idea.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Reminiscencia: Al amanecer


El sol comenzó a ocultarse mientras seguíamos escuchando a Fernanda, me cansé de fingir que estudiaba y sin más me levanté dispuesta a salir de allí.
Escuché que alguien me llamaba, no supe quien era hasta que sentí que me jalaban de la muñeca haciéndome dar la vuelta.
-¿A dónde vas?- me preguntó Fernanda de manera autoritaria-Si tanto te molesta podemos hacer otra cosa.
-No es eso… no estoy a gusto aquí… -murmuré tratando de zafarme de su agarre-Me siento demasiado frustrada y no me están ayudando….
-Mira si tanto te molestamos pues vete de aquí… no necesitas soportarnos para no sentirte mal con nosotras…-argumentó soltándome de golpe y dándome la espalda.-Ve donde te sientas mas “feliz”-.

Una noche en la prepa, con un montón de compañeros cuchicheando y sin dejar de hablar o de tomarle fotos a las compañeras que están dormidas y mostrando parte de su cuerpo no es agradable. No pude ni conciliar parte del sueño que me aquejaba desde que me acosté en el piso, colocando mis pertenencias bajo mi mochila esperando que nadie me las hurtara.

En lo poco que pude dormir no hubo más que negrura y miles de escenas que ni yo recordaba. Era indescriptible, muchas de esas imágenes marcadas a fuego en mi cerebro eran de novelas de terror, de películas, de cosas sin sentido, todo  ello no hizo más que estragos en mi forma de pensar… hasta antes de que mi celular vibrara y sonara dentro de mi pantalón. Las 4:45 a.m. demasiado temprano para despertarme. Lo apagué y salí silenciosamente sin que alguien me escuchara. En mi trayecto a la puerta, no falto quien me dijera de madres por haberlos despertado con mi celular.

Una vez afuera, encendí el celular… nada de señal, como lo imaginaba. Así que busqué a Beth para ver donde se había quedado ella, ya que no éramos del mismo grupo. Siempre me preocupo por ella, incluso ahora que está lejos de donde yo me encuentro…

Era muy temprano y no había muchas personas en las jardineras del patio central, algunos estaban durmiendo plácidamente, acurrucados en parejas de diversa índole. Me aleje y tomé las escaleras más cercanas al salón, de puerta en puerta, la iba buscando para ver si se encontraba bien. No tarde mucho en buscarla, pues estaba dormida afuera de un salón de clases de los H’s. Mi primer impulso había sido el gritarle para levantarla, sin embargo me detuve para sentarme a su lado y dejar mis cosas a un costado del mío. Debió de percatarse de mí ya que su cuerpo se cayó lentamente en mi regazo, haciéndome imposible el moverme.

Cuando se despertó, a eso de las 7:00 a.m., me miro con sorpresa y se levanto con rapidez de mí.

Salí sin decir nada más cerrando la puerta tras de mi. Me sentía dolida por haber discutido con ella pero era muy tarde para cambiar el pasado, ahora el problema que tenía era donde iba a pasar la noche. Tal vez podría solucionar algo al día siguiente.
Me arrepentí al mirar hacia las jardineras, algunos estaban ya acomodados al aire libre, con sus amigos mientras que yo… no tenía a nadie más…era algo incoherente el querer encontrar un buen sitio donde dormir, más aún si ya había oscurecido.
Después de replanteármelo muchas veces decidí situarme en una de las columnas del mismo edificio. Me acomodé lo mejor que pude cubriéndome con la chamarra que con tanto empeño me obligaron a traer a la escuela aquella mañana y cerré los ojos esperando que pronto llegara el sueño….
“Dolor, miedo…debía de escapar, tenía que hacerlo… me arrastré como pude hacía un lugar en el cual podría considerar seguro, la vista comenzaba a nublárseme mientras sentí como la sangre brotaba de la herida que se encontraba en mi costado izquierdo. Ya no  había más que hacer; sólo esperar la muerte… No pude avanzar más, me encontraba sumamente agotada tras el esfuerzo, poco a poco el sufrimiento comenzó a desaparecer, sólo cerré los ojos dejándome llevar por aquella paz, sin importarme el lugar en el que todo terminaría…”
Abrí mis ojos aún adormilada, sentí que estaba apoyada en algo cálido y muy cómodo… mejor dicho en alguien…Me desperté totalmente y me incorporé rápidamente sintiendo que mi cabeza aún daba vueltas debido a lo rápido que la había movido;  avergonzada lo miré sonreírme como dándome los “buenos días”
-¿Cuánto tiempo llevas aquí? Lo lamento, no sabía que estabas aquí…-me disculpé desviando la mirada.
-Tranquila, ya te dormiste ¿no? Mejor dime ¿qué haces afuera de un salón si se supone que estabas con tus amigas? o eso indago yo- me cuestionó levantándose con esfuerzo.
-Nada…- murmuré evadiendo la pregunta, no quería que se preocupara por mi pequeña pelea.- ¿No deberías estar en clase?- cambié el tema de pronto esperando que él no me sacara la verdad.
-No tengo clases, recuerda que es sábado-me recordó con una sonrisa desdeñosa.
-Y… ¿Por qué estás aquí?- pregunté mientras me acicalaba todo lo que podía el cabello, no me agradaba que él me viese toda despeinada.
-Pues no salí de la prepa y pues…-respondió sin entender lo que le había pedido.
-No, no… Ash, ósea, me refiero a aquí- aclaré señalando el lugar en donde habíamos estado sentados hace un momento.
-¿Qué no puedo buscarte?-cuestionó haciéndome desviar la mirada mientras me sonrojaba.
-Bueno… si…- no sabía que mas decirle, sólo que yo había hecho lo mismo por él. –Vamos a desayunar a la café ¿te parece?-
-Otra vez cambiando el tema… Está bien - aceptó sonriendo –Que me debes un café ¿no?-
-No es cierto, tú eres quien me lo debe, recuerda quien puso tu nombre en la tarea de química-le recordé altaneramente.
Seguíamos peleando aún después de que llegamos a la cafetería. Cada quien pago sus alimentos y nos sentamos en una de las mesitas de cemento que estaban a las orillas de la café. Esperamos nuestros alimentos durante una hora y media, tiempo en el que adoptamos otra posición. Dejamos de pelear para ahora cuestionarnos acerca de que era lo que en realidad pasaba.
-¿Tu crees que haya sido algo como lo de la epidemia?- preguntó mientras traía la bebida de cada uno de nosotros.
-No lo sé, recuerda que en ese entonces estábamos en la secundaria y que habían emitido alerta amarilla, nadie salía ni entraba de sus casas. Aquí es muy diferente la situación-le expliqué mientras calentaba mis manos con el café.
-Cierto, si fuera una epidemia nos hubieran mandado a “chupar faros” a la casa de cada quien y no a encerrarnos-argumentó después de tomar un sorbo de su chocolate.
-Lo que me preocupa aún más es no poder comunicarme con mi familia… -murmuré tomando un sorbo de mi bebida-Conociendo a mi padre… haría lo que fuese para saber cómo estoy…-recordé tratando de sonreír al pensar en lo sobreprotector que él era.
Terminé mi café y clavé mis ojos en los de Saúl tratando de leerle el pensamiento como siempre lo hacía. De esta manera evitaba que él tratara de leer los míos. Aún así pude notar lo mismo que yo sentía: preocupación, enojo, frustración…algo normal en una situación como en la que estábamos.
-¿Crees que sí abran la escuela mañana?-pregunté algo esperanzada-Espero que nos cuenten que ocurre aquí… aunque seguramente nos consideren demasiado inmaduros como para aclararnos todos los hechos…-
-No lo creo- le atajé rápidamente antes de que ella continuara y me desesperara –Es probable que no lo hagan, además, hoy iba a checar la entrada para ver cómo estaba la situación afuera, de seguro hay padres molesto esperando tener noticias sobre sus hijos. Por cierto ¿Hay movimiento en el edificio de iniciación?-
-¿Además de los niños que se quedaron como nosotros? No creo.- Dijo Beth entre sorbo y sorbo de café.
-Bueno, no me quedaré con los brazos cruzados. Iré por mi comida- y Saúl se alejo.
-Me pregunto- me dije una vez que estaba en la cafetería observando con ansías mi comida –Como es que consiguieron que todos estemos tranquilos y nadie, ni los fósiles o los del CGH se han movilizado, esto ya no es normal…-
-¡Apa!- Me gritó desde un lado una voz femenina algo turbada. Me giré y vi a Paola caminando rápidamente a donde yo me encontraba – ¡Apa! Préstame tu celular para hacer una llamada-
-Hola Paola, ¿cómo estás el día de hoy? Yo muy bien, gracias por preguntar…- le dije sarcásticamente. Su mirada cambio para enojarse y contestar a la ofensiva.
-¿Me lo vas a prestar o seguirás de grosero?- Le sonreí. –No, no sirve de todos modos. Llevo toda la noche peleándome con la puta señal y ni una mísera raya se digna a pararse, es lo malo de estar viejo ¿no?-.
-No tengo tiempo para tus pendejadas, mejor hazte a un lado. Por cierto ¿Has visto a Rafael? Llevo rato buscándolo para ver si me prestaba su celular-
-Este… se quedó afuera de la prepa. Quien sabe si haya caminado a su casa o este dando vueltas por las cercanías-…
Mientras él se alejaba, mi mirada se cruzó con la de Fernanda quien al parecer se dirigía hacia mí.
-Hola Beth… tal parece que encontraste compañía anoche…-comentó sarcásticamente.
-Mira Fer… lamento mi actitud anoche pero… de verdad no merezco tus reproches -le reclamé lentamente- Me encontré con él de casualidad…pero como sea… ¿no te has enterado de nada nuevo por tus amigos esta mañana?-le cuestioné cambiando el tema.
-Pues no mucho… aún no tengo señal… y por lo visto los adultos nos ignoran por completo…- murmuró mirando a Gaby acercarse a nosotras
-Gaby… ¿verdad que no hemos visto a los prefectos?- le preguntó a nuestra amiga.
-Si… tal parece que no les interesa lo que hacemos en la prepa sin vigilancia…- comentó feliz al verme platicar con Fernanda como si nada-O tal vez se están encargando de cuidar a los pequeños…
-Puede ser… pero… esto todavía se vuelve más sospechoso… - murmuré mirando hacia donde se encontraba Saúl.
Al parecer él se había dado cuenta de que estaba con Fernanda y por lo visto no quería molestarla, además de que parecía preocupado por lo que le estaba diciendo una de sus amigas… Paola creo que se llamaba.
Dirigí mi mirada a mis acompañantes quienes seguían hablando como si nada, al parecer enfocadas en encontrar a sus otros amigos, que seguramente se habrían quedado fuera de la prepa.
-… Seguramente fueron a mi casa… saben donde es- decía Fernanda cruzándose de brazos- Además mi mamá se quedó ayer con mi hermano.
- Pues no sé… como es César… me da pendiente…- murmuraba Gaby frunciendo los labios.
Me acerqué lo suficiente para ver que Beth tenía compañía a la que yo odiaba… Me aleje disimuladamente, ya después podría hablar con ella de nuevo.

lunes, 26 de marzo de 2012

Reminiscencia 5


Llegó la noche, y la quietud no reinaba en la preparatoria. ¿Hasta hace cuanto escuche una sonora alarma policiaca o un chirrido infernal de llantas? Me parece que hace unas tres horas. Varios de los que estamos internados intentamos infructuosamente de conseguir señal alguna para comunicarnos con los alrededores. Es imposible, ha caído la red. Ni siquiera las computadoras del recinto tienen conexión con internet…
Una vez que dejé a Beth sola, busqué en el estacionamiento una barda lo suficientemente pequeña para poder saltarla y escaparme de la prepa, empero, las bardas y alambradas son armas de doble filo, no permiten entrar ni salir a nadie. Hasta donde pude acercarme, noté que las cuchillas de la alambrada estaban oxidados,  no lo suficiente como para que no hicieran daño alguno. Además, después de la pared rocosa, una alambrada de dos metros flanqueaba las posibles rutas de ingreso y egreso de aquí.
-Así que una noche en la prepa, bueno, al menos estarán los salones disponibles para dormir. Lo malo es… sí. Los compañeros del grupo.-
No podía soportar a más de la mitad de ellos, la otra mitad apenas y le hablaba, y solo unos cuantos eran con los que podía conversar (Rafael, Isaac, Paola…).
Alrededor de las 8:00 p.m. comenzaron a reunirse los grupillos de compañeros, la ley era fácil… si ingresan cinco integrantes a un salón, este le pertenecería al grupo perteneciente. El salón fue uno de los denominados “H” (por “humanidades”), más específicamente el H-224. Un salón amplio, con varias bancas, nadie se quedaría parado. Las bancas, así como las mesas de trabajo, fueron desplazadas a la pared contraria al pizarrón “principal”. Digo principal, porque era el único utilizado para impartir la X materia.
Aún no daban las 11:00 p.m. cuando muchos comenzaron a impacientarse… Lo que me sorprendió (y digo sorprendió porque no encuentro otro término) es que fuera hasta la noche cuando sus inquietudes afloraban, debe tener algo el hecho de que la oscuridad permita que germinen.
- Bien… ¿Qué acaso no pensamos hacer nada para intentar ver a nuestros familiares en el exterior?- Menciono inquieta una compañera…
- Aunque quisiéramos hacer algo, no lo conseguiríamos, hay cámaras ocultas en la prepa- Le contesto Isaac, un compañero que le encantaba decir “fuck” a cada rato, además de adicto a la coca (“una coca por día y seré como Arteaga”), era solo un poco más alto que Yo.
- ¿Y que con ello? La mayoría de las cámaras ni siquiera son operarias- Le refuto Paola.
- Bueno, evitando las cámaras ¿Qué me dices de las altas verjas? Además ¿no has olvidado el alambre cuchillas que esta encima de la barda amarilla?- Contesto un compañero más.
Decidí no involucrarme en una conversación que giraría en círculos al menos durante la próxima media hora, culminando con que alguien comenzara a llorar histéricamente. Salí al pasillo, al menos podría estar absorto en mis pensamientos durante un rato. Era extraño, desde que se había puesto en “cuarentena” la escuela, ningún adulto, a excepción de los profesores, en quienes sus rostros delataban una profunda depresión, se había visto rondar los pasillos. Y hasta entonces, apagué mi celular, esperanzado en que todo ocurriría rápido.

lunes, 20 de febrero de 2012

Reminiscencia 4


Sobresaltado, me levanté rápidamente y me puse en guardia, esperando defenderme, las tripas restantes cayeron sin querer y rodaron un poco por el suelo. Me maree, ya fuera por la rapidez con la que me levante o porque la falta de sangre ya comenzaba a hacer sus estragos, me decline hacia la izquierda, apoyándome en la pared. Cerré los ojos lentamente, el ente seguía ahí, como sorprendido por el movimiento rápido… Es aquí donde no logro conectar en mis pensamientos como es que me lo quite de encima, pero lo hice. Volví a abrir mis ojos.
Estaba acostado. Instintivamente baje la mirada, el suéter y playera que llevaba puestas estaban completas, ni un rasguño. Y las tripas seguían en su lugar.
Pero… no fue la pesadilla lo que me despertó de golpe, sino el hecho de que me estaba atragantando… bueno, no exactamente. La sensación que se siente cuando la garganta está completamente reseca, como cuando uno está enfermo. Aspiré por la nariz, haciendo que el acto reflejo de toser se presentara casi instantáneamente. Después de un rato de casi escupir bilis, me reincorpore, con ojos llorosos por el esfuerzo que se hace ante tal situación.
Volví a aspirar, pero no con la misma fuerza, sino lenta y relajadamente. Saqué mi celular y vi la hora. Las 11.40 de la mañana. Treinta minutos desde la última vez que lo vi. Treinta minutos que se me fueron eternidades. Las eternidades que nos marcaron el inicio.
Respingué y me volvió el ataque de tos. Esta vez, algo había percibido que no me dejo respirar con facilidad como la primera vez. No estaba enfermo, lo sabía de antemano, me remití entonces a algo del ambiente. Un aroma penetrante, secante y mortecino me inundo las narinas con prontitud. Trate de discernir que aroma era el que percibía. Algo en mi mente hizo “click” y me recordó los años mozos en los que ayudaba a un tío mío a reparar el motor de varios automóviles. Más que nada, cuando se tenía que limpiar el engranaje con la gasolina que le sacábamos a los tanques del auto…
-¿así que alguien está jugando con gasolina?- Una voz sarcástica escuche a mis espaldas. No la reconocí instantáneamente. Una vez que me gire, supe quien la estaba produciendo.
-Demonios, tu aquí…-
-Sí, me alegra que no me hayas olvidado ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que conversamos o mínimo me vieras?- Se acercaba con seguridad, paso a paso, acortando la distancia.
-No tengo tiempo para esto. ¿Sabes algo de lo que está pasando allá afuera?-
-Nop, nada… me quede encerrado junto contigo ¿no es así?-
Hice como que no lo escuche, comencé lentamente a moverme a la entrada. Quizá y ya la habían abierto.
-Será mejor que comiences a buscar a tus compañeros. No saldrás hoy de la prepa-
-¿Y qué carajos te hace pensar eso?- Le dije sin voltearme, sabiendo que él me seguía a prudente distancia –apenas apareciste y parece que sabes más de la situación que los que estamos presentes-.
-Es lógico ¿es que acaso no lo ves? Algo pasa ahora, que ingenuo eres…- y rió en voz pasiva.
-Cierra ya esa puta boca, no estás aquí-
-¿a quién le gritas?-
-A este hijo de… oh- Me detuve a mitad del insulto y me calle.
-¿A quién?- Inquirió de nuevo la suave voz.
-A este tipo…-
-Debió de haberse ido ya porque yo no veo a nadie- dijo mientras sus ojos me examinaban la jeta.
-No tiene importancia. ¿No te habías ido de la prepa apenas salimos?-
-No. Me encontré con mi “hermana” querida-
-Ok… demasiada información por hoy, Beth…-
Me dirigí a la puerta principal, esperando que ese sujeto no tuviera razón en lo que había dicho.
-¿Vas a la entrada? Mejor busca a tus amigos y un salón para dormir. No van a abrir hasta el domingo-.
-¿Quién dijo eso?-
-Lo corrieron como un rumor entre varios alumnos-
-Vaya, eso si que es ser cobarde, como sea-
Deje pasar el tiempo desde que me encontré con Beth. De ahí llego la noche. Y nada más.

viernes, 3 de febrero de 2012

Reminiscencia 3


Una vez recostado en el patio de las mesitas, y con algo de sueño, con el antebrazo cubriéndome los ojos, esperaba tan solo que el día volviera y pudiera largarme de la escuela. Ignoraba lo que sucedía en las afueras de la prepa, simplemente no era necesario dar explicaciones a lo desconocido. Empero… aún había dos amigos fuera. No habían contestado a nuestro mensaje. “La prepa está cerrada ¿Qué chingados está pasando allá afuera?” eso si podía rememorarlo, pero parecía no tener algún significado ahora.

Mientras mi cabeza divagaba por todo este escenario, la lucidez de la mente comenzaba a mermarse, el sueño ya se estaba apoderando de mí, a pesar de ser aún temprano. Como eso de las seis de la tarde. Aunque debo admitir que el suelo de las mesitas es muy reconfortante, invita al sueño. Intente no quedarme dormido, pero al quitar el velo carnoso de mis ojos, y olfatear con fuerza, sentí la muerte a un lado mío, literalmente. Vi una sombra que me cubría el sol. Sentí un líquido viscoso que cayó en mi frente. Me limpie y note que era saliva. Antes de que pudiera hacer algo, moverme, gritar o atacar, se abalanzo contra mi ese, ahora que lo veía tan cerca, ser humano. Varios mechones de cabellos parados le colgaban de la cabeza, la ropa que llevaba estaba ensangrentada, sucia y maloliente, debió de haberse orinado encima. De todo esto me percaté desde su estado de pie a su arrodillamiento a un costado mío. Y las manos se insertaron en una de mis cuencas oculares, sacando mi ojo. Gritando y manoteando sin sentido. Podía observar con ese ojo, era la de un camaleón mi visión, se acercó a la putrefacta boca, con pedazos faltantes de carne, y cicatrizaciones muertas, verduzcas. La introdujo sin ningún pesar... mordió, con fuerza. Yo enloquecía con los gritos, tratando de librarme, pero nada era suficiente.

Con parsimonia y fuerza, destrozo mi playera y clavo sus manos como si de dos cuchillas se tratase. Encontró resistencia por parte de la piel, pero no desalentó su acción. En poco tiempo, las tripas estaban a la intemperie. Me zarandeaba, pero ¿Qué podía esperar? Ya estaba yo muerto...

Removía, pedazo tras pedazo de intestinos y órganos, esperando que atrás de ellos hubiera un festín. La carne hacia un ruido pegajoso y grotesco al pegar contra el pavimento…

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Reminiscencia 2

Hace unos días, me era imposible creer que las cosas serían distintas, que no habría algo más que monotonía en este mundo. A mi parecer, era una vida sin altibajos, todo igual, sin cambios, giros dramáticos o cosas que mantuvieran con vitalidad este despojo de materia.
¿Hace cuanto que me senté frente al escritorio de un salón de la sección de humanidades a escribir? A desahogarme, a redactar una memoria con posible final funesto, doloroso.
Al menos, los gritos humanos han amainado, ya no se escuchan sirenas policiacas o de ambulancia. Pero no hay quietud, oh no. La cacofonía que ahora recita el ambiente es penetrante, enloquecedora, hace que el corazón parezca intentar salir para regocijarse en la mano y seguir latiendo hasta el fin de la era.
Pero… ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? Lo dudo yo. Escuche ciertos rumores antes de que quedáramos encerrados en el recinto preparatoriano. Si mal no recuerdo, Rafael (amigo, compañero, superviviente) fue quien me conto lo que había visto. O… sí, creo que fisgonee entre sus hojas de la bitácora. Como sea, esa puede ser tan solo una pieza del rompecabezas.
No es posible dilatar cuanto se sabe, por mínimo que esto sea, por… inconexo que parezca.
¿Contra qué es lo que pelea nuestro terror a los 17 años? Exámenes, noviazgos, rupturas, peleas con los padres. Eso es con algo que todos podríamos lidiar (aunque algunos se suicidan en el camino) hasta ahí, sería una vida normal. Sin embargo, y no me creas un enfermo mental una vez que tu mente intente darle sentido a mis palabras, ¿qué humano común y… corriente, enfrenta temores como el dormir esperando que una pestilencia cementerial aparezca al amanecer y le devore las tripas? De una forma romántica, sonaría a un relato obtenido a partir del alcohol. Quisiera que así hubiera sido, lastima, no todo lo que queremos lo obtenemos o lo requerimos, como alguna vez lo dijo Brenda Sáenz, otra superviviente e integrante del pequeño escuadrón que somos nosotros.
Pasaría… cerca de alguna fecha otoñal, finales de la temporada. Las clases, eran un asco, nada nuevo frente al horizonte. Peroratas de discursos de aprendizaje repetitivo en todas y cada una de las aulas. Las horas eran tediosas. Lo único que mantenía con vitalidad mi espíritu era que después de clases, algunos compañeros y Yo saldríamos a jugar a la plaza de enfrente, la plaza río, para terminar con el aburrimiento. Hasta ahí, todo terminaría junto a un fin de semana con mis padres y hermana. Tal vez visitar un pueblo en las cercanías de Amecameca, era lo que siempre hacíamos.
Algunos de los compañeros se habían adelantado para apartar una consola para jugar, Rafael y Miriam (o Kuro) llevarían ya cerca de una hora embelesados, quizá con el Guitar Hero o el Pump It Up.
Estaba ya cerca de la puerta (podía verla) cuando Brenda me mensajeo a mi cel. Quería verme para algo de un proyecto de historia que estábamos haciendo junto con Paola. Regresé sobre mis pasos, por hartante que eso fuera. Mínimo había que dividirse equitativamente el trabajo. Esperaba que Rafael, Kuro y Víctor, si es que ya había llegado con los otros dos, lo entendieran.
Me dirigí entonces a las mesitas, ahí las iba a encontrar. Atravesé por el área de psicología, que conecta tanto al patio con mesitas, como con la ruta más corta para ir para llegar a la cafetería. Viré luego a la izquierda, para ingresar a la “plazuela”. Brenda con celular en mano y Paola con libro en mano, que desconocí por la distancia, y sentada sobre la mesita. Ella alzo la mirada para ver si ya había yo llegado. Una vez comprobado, fue hasta mí con el fin de reñirme.
-Apa…- decía mientras se acercaba molesta- tenemos que dividirnos ese trabajo y tu te desapareces en cuanto salimos de etimologías grecolatinas-.
-lo siento, se me había olvidado pero…-
-Apa…-
-¿Sí, Paola?-
-huevos- exclamó haciendo una mueca obscena con su mano.
-¿Ah sí? Pues…- alcé el dedo corazón y se lo plante enfrente de su rostro
-Ya compórtense los dos- grito Brenda con enojo- no tenemos tiempo para jugar ¿o sí?-
-Ella fue la que…-
-No perdamos tiempo- sentencio y zanjo la conversación.
Solté la mochila cerca de las pertenencias de ellas. Cuando alce la mirada, vi que libro estaba leyendo Paola “Esbozo de la historia mexicana”
-Supongo que ya investigaste algo, ¿o me equivoco, Apa?- exclamo con sorna Paola
-Ah sí, que tu amiga “Sheva” está loca por Neville-
-… Pendejo ¡sobre el proyecto!-
-Ah… ¿qué tema era?-
-Era…- de ahí, le siguió una charla sobre los criterios de evaluación y quien se encargaría de entregar el trabajo impreso, así como la impresión del mismo.
-Lo imprimes Saúl, estamos poniendo en tus manos la calificación de nosotros tres-
-Tranquila, Brenda, a mi nada se me olvida-
-Tarado…- murmuro Paola entre dientes. Pude ver una mueca de incredulidad.
-Ya te oí-
-Eso no te quita lo tarado-
-Brenda, mira quien empie… ¿Brenda?- se había escabullido en cuanto comenzamos a pelear de nuevo.
-¡Ash! Adiós Apa… y ¡Huevos!-
-claro como no sabes decir otra cosa- y di media vuelta antes de que me respondiera o me quisiera zapear.
Ahora había que llegar al pórtico de la prepa y cruzar río Churubusco. Sería difícil encontrarlos en plaza rio. Hasta donde recordaba, mínimo había unos diez locales en los que rentaban consolas de videojuegos, colocados a lo largo y ancho de los dos pisos que conforman al refugio extra-muros de la prepa.
Venía pensando en todo esto mi mente cuando mi celular vibro dentro del bolsillo de mi pantalón.
-Bueno…-
-Saúl ¿ya saliste de clases?-
-Si, de hecho, voy a la plaza a jugar…-
-Sí, si… eso ya lo sé. Se cancelo-
-pero ¿por qué, Mamá?-
-Se emitió alerta amarilla en el hospital, no podré ir por tu hermana pero tu iras por ella-
-No es justo, yo había planeado esto desde varios días antes-
-Solo hazlo…- corté la llamada completamente molesto. De reojo vi la hora, justo antes de guardar mi celular… Las 11:10 a.m. A la mierda todo lo que me había dicho mi madre, podría estar gustosamente una hora jugando, y luego iría por mi hermana, había tiempo, siempre lo hay.
Apenas y había caminado unos cuantos pasos más, cuando el celular volvió a sonar.
-¿Aló?-
-Apa, quédate en la prepa- dijo Rafa, con interferencia de por medio.
-¿Por qué? ¿Pasó algo? ¿Y Kuro? ¿Y Víctor?-
-No ha llegado Víctor. En un rato me encuentro contigo- y colgó.
De tal manera que, los planes cambiaban, ahora había que buscar a Víctor. Con suerte y no habría salido de la prepa aún.
Subí al primer piso por las escaleras que estaban cerca del área de psicología y anduve hasta que la entrada principal estuvo frente a mi vista. Pude observar a varios alumnos que entraban y salían. No alcance a percibir a alguno de mis amigos en la explanada. Di media vuelta y camine por el pasillo que estaba a mis espaldas. Ya alejado de mí puesto de observación, escuché gritos en la parte posterior de mí. Debían de ser provenientes del auditorio, pues se escuchaban muy bajo, casi apagados.
Encontré a Víctor saliendo su clase de Educación para la Salud.
-What’s up Bigotes?-
-Que siempre no vamos a jugar hoy. Rafa viene de regreso-
-Rafa… ¿Y Kuro?-
-Se cortó la señal antes de que me dijera nada sobre ella-
-Mmmm… vamos a buscarlos-
Bajé de nuevo y comenzamos a andar hacia la puerta. Una conglomeración estudiantil comenzaba a agolparse. Eran pocos, pero juntos hacían parecer una gran masa.
-Demonios… ¿Ahora qué?-
-Quien sabe Bigotes-
-Oye- me acerque a un compañero desconocido que se dirigía hacia nosotros -¿Qué está pasando?-
-Cerraron la prepa-
-¡¿Qué?! ¡¿Otra vez?! Carajo, no puede ser. Háblale a Rafa, tú que si tienes crédito- dijo Víctor
Busqué en mi agenda el contacto, una vez que se mostro, le puse marcar… “Nuestras líneas están ocupadas, por favor, trate de comunicarse en un momento más tarde… El número que usted marcó no existe”
-Mierda…-
-¿Qué paso Apa?-
-No se conecto la llamada, Víctor, eso fue lo que paso-
-Entonces mándale un mensaje, mientras vamos a las mesitas- Camine y mensajee a Rafa lo siguiente “La prepa está cerrada ¿Qué chingados está pasando allá afuera?”.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Reminiscencia 1

¿Habrá algún momento en el que el infierno este ocupado por completo y las ánimas que no hayan alcanzado espacio regresen a la tierra? En caso de que regresen ¿Qué apariencia tendrán en este plano terrenal? Es acaso posible… no, estoy desvariando de nuevo, igual que aquel día.

Llamarlo “mortal” es quedarse corto, es un adjetivo que no alcanza a denominar todas las sensaciones, los momentos que por la mente transcurren, los pensamientos, las hostilidades, todo simplemente queda grabado en la memoria.

¿Serán acaso estos recuerdos una medida para volver fuerte mentalidades débiles que alguna vez se preocupaban por, ahora, banalidades? Quizá, sea un juicio sumario creado por una entidad alejada de los ojos mortales… O sólo es un paralelo momento en el que nos hemos vuelto juguetes… Escúchame, cómo si las esperanzas ya hayan sido despedazadas… pero, si, es invariable el saber que estamos a salvo, que es un mal sueño, para nosotros.

Me parece como si ayer hubiese sido cuando todo comenzó, es difícil poner un inicio, marcar los sucesos que nos llevaron a la hecatombe que nos bordea. Pareciera esto ser el guión de una película de serie “B” todos los factores que la aclamarían como tal están presentes… Una historia sacada de quien sabe donde con una línea cronológica simple, superflua, acompañada por bajo presupuesto y seres completamente desconocidos para el mundo, vamos, esperemos no morir en las acciones que el destino nos depara para esta extraña e indómita cruzada.

¿Quién soy? Es una respuesta que tendría sus contrariedades, pero vayamos a lo arbitrario, a lo que haría que sea un ser reconocible para quien lea estas líneas llenas de amarguras mudas y sangrientas convalecencias. Me llamo… no creo que sea ya necesario tener un nombre, eso era en el pasado pero debo de llamarme de alguna forma, tal vez para darle algún sentido humanista a una intra-post-guerra. Saúl. Así era como la gente conocía a esta sombra. Para más exactitud, Saúl Aparicio. 

Hasta hace unos días, la preparatoria era un lugar de sociabilización y centro de conocimiento para el que quisiera, claro está. Esa faceta le ha sido mermada con el paso de horas, días, semanas. Ahora es solo un derruido lugar lleno de adolescentes, unos cuantos adultos y una barda perimetral que protege, esperando que algún día se venga abajo… Pero, es aún muy pronto contar las penas que nos acongojan y ahorcan cada alba que secunda a la guadaña de la noche… ¡Por dios! ¿Hasta cuando se callaran los gemidos de los cuartos de la periferia? Se mezclan con los de las afueras, son como una cacofonía de sufrimiento, dolor… ¡Aún no estamos muertos! ¡Aún respiramos!...

¿A quién trato de engañar? Me he vuelto sonámbulo, las ojeras bajo mis ojos dan cuenta de ello. Las noches que uno pernocta esperando que todo acabe con un golpe. No es posible, desgraciadamente. Tengo, tenemos que continuar, es lo único que nos mantiene con vida en una ciudad de muertos, en la ciudad de los muertos.

Tengo que narrar los sucesos sucintamente, esperando no errar en la cronología de los mismos, no quisiera que algún dato pasara desapercibido, sólo quiero que la historia sea narrada y que nadie me crea loco, aunque la situación lo amerite.

Terminaba otro día más de clases. Normal como debía de ser… ¡Demonios, esta ocasión no podre contarlo! Ya ha oscurecido y la luz que entra por la ventana no es suficiente. Supongo que tendré que esperar, como hasta ahora lo hemos hecho… A su debido tiempo contare de ellos, más no es aún la ocasión, ni de empezar a contar una historia de tal magnitud, en la que el sino es la fuerza destructiva del ser humano. Sólo espero que este punto final sea simplemente el de un capítulo sin completar.